Sol Quicio

Junio 21, 2006

El 21 de junio marca el comienzo del verano boreal y es considerado – minutos más, minutos menos – el día más largo del Calendario Apócrifo según Don Gregorio. Yo he perdido noción de los hitos que marcan los cambios de estación en los distintos hiperplanos del globo, así es que prefiero guiarme por conceptos más exactos, como “tengo frío” o “hace calor”. Por eso suelo estar al tanto de la temperatura ambiente.

Ubicado en la esquina más privilegiada de la pantalla, trabaja incansablemente el pendorcho informático que anuncia los grados Gesundheit. En vísperas del sol quicio marca 55° F (unos 13 centígrados). Yo creo que el pendorcho tiene la cara colorada por estar obligado a darle bienvenida a este verano tan desganado.

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Paseo por la Vía Láctea

Junio 11, 2006

Doce avenidas convergen en la Place de L’Étoile –donde está el famoso Arco del Triunfo– entre ellas Champs-Élysées y la Avenida Marceau (¿será por Marcel?). Con mucho menos glamour que en París, pero con similar distribución geográfica, transcurre una típica noche gay de sábado en esta ciudad. En aquella dirección el martini bar donde pululan los viejos conchetos y los pibes que les usan las tarjetas de crédito. Un poco mas allá el infaltable leather bar para los ositos y uno que otro amante del cuero. Pasando el callejón dos antros inenarrables. Y el bruto rayo literal: the Cathode Ray, bar del pueblo donde se ensardinan los que luego emigrarán en masa a la disco.

En la disco la temperatura sube al ritmo del histeriqueo imperante. Te miro, me mirás, te vuelvo a mirar, mirás pero sacas la mirada, hago que no te miré. ¿Me miraste? No pibe, habrá sido tu imaginación. Deambulan jovencitos seguidos de una estela de plumas, que van haciendo de cada minucia una tragedia griega y la relatan de inmediato a sus celulares. Los torsos desnudos de los gym boys dan cuenta del duro trabajo de la semana. ¿Viste cómo desarrollé el cuadriperitrapecio anterior? A ver, pará que te toco porque no se nota bien. ¿Acá? No, más abajo. No lo encuentro. ¿Sos boludo que no te das cuenta? Seguí tocando que lo vas a encontrar.

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La Cenicienta y otras degeneraciones por el estilo

Junio 5, 2006

Hay algo perverso en los cuentos clásicos para niños. ¿Será porque en esa época no había telenovelas? Aunque surgieron de la tradición oral, las versiones que conocemos en la actualidad fueron depuradas por un tal Charles Perrault a fines del siglo XVII y más tarde acarameladas para Disney por los hermanos Grimm. Prefirieron omitir una que otra mutilación, varios actos de antropofagia y un par de violaciones. Parece que tenían poco marketing. Olvidémonos por un momento del trasfondo social. Así y todo se puede leer entre líneas que “Hansel y Gretel” es un manual para pedófilos. Esa relación entre Blancanieves y los enanitos, y los enanitos entre ellos, es muy sugerente. La madrastra de Blancanieves, cruza de Dorian Gray con Alexis Carrington-Colby, la manda asesinar por pura envidia con una manzana envenenada. Las alegorías bíblicas son también bastante ambiguas. Ah, y no hay una que tenga madre, es puro guacherío. Nunca supe cuál es la enseñanza de “La Caperucita Roja” porque yo siempre me identifiqué con el lobo feroz, que se morfa a la abuelita sin ningún problema. Y eso que no conocía la versión original en la que el lobo también se devora a caperucita por gastarle una broma respecto a sus dientes. Es que los británicos tienen un complejo odontológico, vistes.

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