Facundo iba a llegar tarde como siempre. Entré al café y elegí una mesa cerca de la entrada. Abrí el diario de par en par simulando estar cómodo. Todos los ojos del salón se colaban entre las letras negras de molde. Para calmar la ansiedad que me producen las esperas, ensayé mentalmente una señal de bienvenida. Decidí que iba a levantar la mano lo suficiente para ser visto y sonreír con cierto desdén. El movimiento iría acompañado de una sobria dosis de entusiasmo. Sabía que me iba a salir bien. Era uno de esos gestos que se perfeccionan con los años.
Recibiendo cierta inspiración del zumbido de las cafeteras, me sumergí en la lectura. Los peligros del estrés. Cometen fraude en elecciones presidenciales en Kazajistán. El Mago Coria eliminado del Torneo de Samborombón en manos de ilustre desconocido de Trinidad y Tobago. La única distracción provenía de una voz ronca y perezosa que me cantaba al oído hace varios días.
“Tendré los ojos muy lejos
y un cigarrillo en la boca,
el pecho dentro de un hueco
y una gata medio loca…”
Escrito por LouCid