Tesis

No es una mañana de jueves cualquiera. Es la mañana que voy a defender mi tesis de doctorado. Llego casi una hora antes sólo para desafiar todos los pronósticos. A pesar que llovió toda la noche, el calor y la humedad siguen atrapados en el asfalto, en las baldosas y en cada estructura de concreto. Los últimos tres días han sido interminables, no tanto por la expectativa de terminar con este suplicio doctoral, sino porque la región se vio sometida a una ola de calor sin precedentes. Recién hoy ha vuelto a resoplar el aire acondicionado que había sido interrumpido para ahorrar electricidad. La sala es estrecha y cuenta con un ventilador de pie. La camisa y la corbata están bien – pienso – pero el saco va a vestir esta silla. También hay que poner límites al sacrificio, ya que tampoco se trata de una crucifixión (todavía).

Cuando se va acercando el momento, subo las escaleras para ver a mi director de tesis y asegurarme que todo sigue el rumbo planeado. Golpeo la puerta entreabierta de su oficina y desde adentro me dice que pase. Lo encuentro agachado, sosteniendo con una mano la misma tesis de doctorado que pretendo defender en pocos minutos, golpeándola con todas sus fuerzas contra el suelo. Ciento veinte páginas que atestiguan mi abnegado esfuerzo de los últimos años devenidas en poderosa arma de impacto.

Estoy tratando de matar un bicho – dice sin interrumpir la frenética serie de movimientos.

Por la fuerza de los golpes, intuyo que el bicho en cuestión ha de pertenecer a una temible especie de arácnidos amazónicos, cuya amenaza es transmitida claramente por poseer el más lustroso color negro y una delgada línea naranja cruzándole el lomo. Una combinación que sólo puede significar una cosa: lleva consigo el más letal de los venenos.

Me alegro que mi tesis sirva para algo – es todo lo que alcanzo a decir.

Con postura victoriosa de gladiador que acaba de recibir el pulgar hacia arriba, el mismo hombre que dirigió los destinos de mi vida académica se pone finalmente de pie mientras recupera el aliento. Su cerebro se toma unos segundos para aprehender lo poco profundo de mi frase. Por un instante me mira entre absorto y confundido. Y finalmente se sonríe. Es un buen presagio.

Vamos antes que se haga tarde. ¿Necesitás un café o algo?

No, estoy bien. Gracias.

Una respuesta para “Tesis”

  1. Virginia Dice:

    Leyendo tu blog, por un momento he recordado el dia de la defensa de mi tesis.
    que dia, eh? por mucho que se lo quieras explicar a la gente, unicamente quien lo ha pasado puede entenderte.

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