Personalmente, no creo en los estereotipos. Pero que los hay, los hay.
Se me acaba de ocurrir.
El edificio donde vivo es una escuela del año 1906 que remodelaron y transformaron en departamentos. Me da la impresión que yo actualmente resido en el sótano donde trabajaba Groundskeeper Willie de los Simpsons. Al lado vivía Estercita (no me acuerdo el nombre, el personaje de Verónica Llinás en la maestra de Gasalla) golpeándose contra las puertas y desparramando tazas de té por todos lados. Pero ya se mudó.
La escuela tiene un diseño simétrico que ha sido respetado y hasta realzado por los nuevos arquitectos. Hay un parquecito en el frente, con árboles idénticos estratégicamente posicionados . . . en forma simétrica. Aunque uno de los árboles no respeta la ley porque está chingado, como dicen en mis tierras. De más está decir, es el árbol que me resulta más simpático del grupo. Mi departamento está cerca de una de las salidas a un extremo del edificio. En el otro extremo, hay una salida gemela.
Vivo en un edificio para no fumadores, como son casi todos los espacios cerrados acá. En parte es mejor, porque me fuerza a fumar menos, especialmente en pleno invierno. Aunque a veces me siento bastante boludo cuando me tengo que poner la campera, los guantes, el gorrito y la bufanda a las once de la noche, afuera hacen chotocientos grados bajo cero y yo estoy ahí tiritando, sólo para satisfacer la irracional necesidad de nicotina.
Pero todavía no llegó el invierno. Son casi las ocho y media de la mañana y acabo de desayunar y prepararme un café. Salgo a fumar un cigarrillo, porque el café se disfruta mucho más con tabaco. Y ahí estoy parado en el extremo del edificio que me corresponde. Noto que alguien está del otro lado, quizás intuyendo que mi presencia hizo necesario mantener el balance universal.
Caramba. Creo que se acaba de mudar la prima “gorda” y sin plata de Nicole Ritchie a mi edificio. Viste pantalón de gimnasia rojo, debe haber pasado veintisiete minutos esta mañana recogiéndose el pelo y tiene un perrito blanco de esos que se ponen al otro lado de la cartera (¿será para no romper el delicado equilibrio de la simetría?). Yo visto pantalón de pijama a cuadros, pantuflas, lo primero que encontré para ponerme arriba, y gorrita de béisbol, una combinación de los colores disonantes que fueron el último grito desgarrador de la moda en 1986. La taza con café, al igual que el perrito peludo, es blanca.
Y ahí están Nicole y Fluffy: ella leyendo no sé que cosa, él meando uno de los árboles. Y yo fumando mi cigarrillo y tomando café. De cuando en cuando nos observamos con Nicole, intentando disimular con disimulo. Nos separan unos metros no más. Pero algo me dice que estamos en lugares muy distintos en la vida.
Septiembre 17, 2006 a las 1:03 pm
Aunque uno de los árboles no respeta la ley porque está chingado, como dicen en mis tierras…..ah caray! no sabía que en tus tierras también usan chingar….
Junio 18, 2008 a las 9:31 pm
Somehow i missed the point. Probably lost in translation
Anyway … nice blog to visit.
cheers, Exigencies.