Julio 1, 2006
Facundo iba a llegar tarde como siempre. Entré al café y elegí una mesa cerca de la entrada. Abrí el diario de par en par simulando estar cómodo. Todos los ojos del salón se colaban entre las letras negras de molde. Para calmar la ansiedad que me producen las esperas, ensayé mentalmente una señal de bienvenida. Decidí que iba a levantar la mano lo suficiente para ser visto y sonreír con cierto desdén. El movimiento iría acompañado de una sobria dosis de entusiasmo. Sabía que me iba a salir bien. Era uno de esos gestos que se perfeccionan con los años.
Recibiendo cierta inspiración del zumbido de las cafeteras, me sumergí en la lectura. Los peligros del estrés. Cometen fraude en elecciones presidenciales en Kazajistán. El Mago Coria eliminado del Torneo de Samborombón en manos de ilustre desconocido de Trinidad y Tobago. La única distracción provenía de una voz ronca y perezosa que me cantaba al oído hace varios días.
“Tendré los ojos muy lejos
y un cigarrillo en la boca,
el pecho dentro de un hueco
y una gata medio loca…”
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Escrito por LouCid
Junio 11, 2006
Doce avenidas convergen en la Place de L’Étoile –donde está el famoso Arco del Triunfo– entre ellas Champs-Élysées y la Avenida Marceau (¿será por Marcel?). Con mucho menos glamour que en París, pero con similar distribución geográfica, transcurre una típica noche gay de sábado en esta ciudad. En aquella dirección el martini bar donde pululan los viejos conchetos y los pibes que les usan las tarjetas de crédito. Un poco mas allá el infaltable leather bar para los ositos y uno que otro amante del cuero. Pasando el callejón dos antros inenarrables. Y el bruto rayo literal: the Cathode Ray, bar del pueblo donde se ensardinan los que luego emigrarán en masa a la disco.
En la disco la temperatura sube al ritmo del histeriqueo imperante. Te miro, me mirás, te vuelvo a mirar, mirás pero sacas la mirada, hago que no te miré. ¿Me miraste? No pibe, habrá sido tu imaginación. Deambulan jovencitos seguidos de una estela de plumas, que van haciendo de cada minucia una tragedia griega y la relatan de inmediato a sus celulares. Los torsos desnudos de los gym boys dan cuenta del duro trabajo de la semana. ¿Viste cómo desarrollé el cuadriperitrapecio anterior? A ver, pará que te toco porque no se nota bien. ¿Acá? No, más abajo. No lo encuentro. ¿Sos boludo que no te das cuenta? Seguí tocando que lo vas a encontrar.
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Escrito por LouCid
Junio 5, 2006
Hay algo perverso en los cuentos clásicos para niños. ¿Será porque en esa época no había telenovelas? Aunque surgieron de la tradición oral, las versiones que conocemos en la actualidad fueron depuradas por un tal Charles Perrault a fines del siglo XVII y más tarde acarameladas para Disney por los hermanos Grimm. Prefirieron omitir una que otra mutilación, varios actos de antropofagia y un par de violaciones. Parece que tenían poco marketing. Olvidémonos por un momento del trasfondo social. Así y todo se puede leer entre líneas que “Hansel y Gretel” es un manual para pedófilos. Esa relación entre Blancanieves y los enanitos, y los enanitos entre ellos, es muy sugerente. La madrastra de Blancanieves, cruza de Dorian Gray con Alexis Carrington-Colby, la manda asesinar por pura envidia con una manzana envenenada. Las alegorías bíblicas son también bastante ambiguas. Ah, y no hay una que tenga madre, es puro guacherío. Nunca supe cuál es la enseñanza de “La Caperucita Roja” porque yo siempre me identifiqué con el lobo feroz, que se morfa a la abuelita sin ningún problema. Y eso que no conocía la versión original en la que el lobo también se devora a caperucita por gastarle una broma respecto a sus dientes. Es que los británicos tienen un complejo odontológico, vistes.
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Escrito por LouCid